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jueves, 24 de abril de 2014

La oveja que queria ser hermosa...




Había una vez una vieja oveja que quería ser una oveja hermosa, y todos los días se esforzaba en arreglarse.

Al principio se compro un peine con el que se arreglaba todo el día buscando su ansiada belleza. 

Unas veces parecía encontrarla y otras no, según su ánimo de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardo el peine en una gaveta.

Por fin pensó que la única forma de conocer su verdadera belleza estaba en la opinión de las demás ovejas, y comenzó a peinarse y arreglarse y  a cambiar de collares (cuando no le quedaba otro recurso) para  saber si las demás ovejas la aprobaban y reconocían  que era una oveja hermosa.

Un día observo que lo que más admiraban de ella era su pelaje, especialmente su lana, de manera que se dedico a comer alfalfa y algarrobos para tener una lana cada vez mejor, y sentía que todas las ovejas la felicitaban.

Y así seguía alimentándose  hasta que, dispuesta a cualquier cosa para que la consideraran una oveja hermosa, se dejaba cortar su lana y los pastores la afeitaban, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que buena oveja, que así afeitada parecía un rabopelado.

martes, 21 de enero de 2014

Home Run...




Comía mi plato de sopa en la mesa, mientras mi abuela bordaba un mantel individual. Al terminar mi sopa, tomé el periódico y me entregue a la lectura del cuerpo de deportes. Repentinamente atine a escuchar en la radio de mi casa la narración del juego de Beisbol.

Agucé el oído ante los comentarios que se desarrollaban en torno al bateador de turno: “El Gato Andrés Galarraga la saco del parque”. Todos los asistentes asomaron sus gritos, su bulla y emociones invadieron el estadio. Mi abuela me preguntó qué pasaba mientras colocaba compresas húmedas sobre mi cabeza que en el abismo de una pesadilla deliraba a cuarenta grados de fiebre.

sábado, 17 de agosto de 2013

El Cofre de Morocotas...



 Cofre de Morocotas
Mi tío Pascual observó aquella luz proveniente del rincón del garaje. Tuvo la premonición de que aquello era la señal de un entierro.

Entonces cavó. Un olor a tierra húmeda cubrió toda la casa. Cuando ya  estaba tocando el cofre de madera con la pala, mi tía Julia gritó desaforada: “Mira, Pascual deja eso que yo no quiero reales de muerto”. Al decir estas palabras, la tierra abrió sus fauces y se tragó el cofre de morocotas y con ellas la esperanza de mi tío Pascual de hacerse millonario.

lunes, 13 de mayo de 2013

Bethoveen...


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Llegó a este tiempo sin su batuta cruzando el umbral del más allá. Desando por las calles como fantasma errante. Despertó de su asombro cuando cayó en cuenta en que sus días percibían  sonidos. Pasando por una calle de Alemania oyó su célebre Quinta Sinfonía, sin perder tiempo entro a una tienda donde provenía el sonido. Sucumbió de un síncope al comprobar  que la orquesta sinfónica estaba metida en un extraño aparato de pantalla plana de 42 pulgadas.




jueves, 18 de abril de 2013

El muro...



Somos como ladrillos de arcilla en una pared. Aparentemente estan en un muro inclinado, así que podrían caer con un pequeño sismo. Pero no, no se puede, pues se hallan fuertemente afianzados en el muro. Aunque fijate, incluso eso es aparente.

miércoles, 17 de octubre de 2012

El sueño de ser un motorizado...



 
Si pudiera ser un motorizado, ahora mismo y sobre una moto a toda velocidad, con el cuerpo inclinado y suspendido en el aire, estremeciéndome sobre el asfalto oscilante, hasta desgastar las ruedas, pues no tenía ruedas, hasta acelerar el croché, pues no tenía croché, y sólo viendo ante mí una carretera como una explanada curveada, ya sin el manubrio y sin la estructura de la moto.

lunes, 20 de febrero de 2012

La plantita que soñaba ser una palmera...

 
Había una vez una plantita que todas las noches soñaba que era una Palmera y que se encontraba en la playa mecida por la brisa.

En los primeros momentos esto la volvía loca de felicidad; pero pasado un tiempo le causaba una sensación de angustia, pues hallaba el tallo demasiado alto, las ramas demasiado pesadas, las raíces demasiado profundas y sus frutos duros; bueno, que todo ese gran tamaño le impedía ser una plantita de jardín, así como sufrir a conciencia cayéndose algunas hojas de su ramita.

En realidad no quería estar tan alta o en la orilla de la playa. Pero cuando volvía en sí lamentaba con toda el alma no ser Palmera para mover sus ramas, y se sentía tristísima de ser una plantita, y por eso se mecía tanto, y estaba tan inquieta, y se le caían sus hojitas, hasta que lentamente, por la noche, volvía a estar serenita en su maceta.